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|IGNACIO TOSELLI| DIRECTOR DE 'BUENA VIDA DELIVERY'
«Ejemplifico lo caro
que se paga la ingenuidad»
Hernán,
un buen chico que por celos se hace malo. es
el primer gran personaje de este bonaerense
que distingue entre trabajo real y el del placer.
«romántico y utópico»,
se dice hincha de equipo chico, actor que elige
trabajar en su país.
V.
M. NIÑO / VALLADOLID
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| El
actor que encarna a Hernán, Ignacio
Toselli. / Gabriel Villamil |
Hernán es su personaje y ‘boluda’
es su expresión dominante en la película
‘Buena vida Delivery’. Coincide
con él en el empeño por quedarse
en su país, a pesar de que el «sobrevivir»
le reste energías al «vivir».
Ignacio Toselli (Buenos Aires, 1976) protagoniza
esta película sin saber si habrá
próxima. «Por un placer que nada
tiene que ver con el bolsillo» escribe
un «unipersonaje» para estrenarlo
como tantos actores argentinos en un local subterráneo.
–¿Fue elegido por su capacidad
para expresar perplejidad?
–Creo que debe haber sido un ‘combo’.
Sería muy soberbio y vanidoso si considero
que solo me eligieron por mis dotes artísticas
y, todo lo contrario, marcaría una autoestima
en decadencia si solo creyera haber sido elegido
por mi cara de boludo. Creo que aparecí
justo en el momento, el azar me fue propicio.
–Encarna usted a un buen chico
al que la situación le aboca a ser malo
¿Es metáfora de algo en su país?
–Creo que Hernán tiene ese último
componete de las personas que intentan ser buenas.
Es una metáfora de lo caro que puede
pagarse la ingenuidad o la sobreconfianza en
Argentina. Muchos creen que es un mensaje negativo,
pesimista, pero seríamos muy ciegos si
no viésemos que es así realmente.
En Argentina muchos solo piensan en salvar su
pellejo, en sobrevivir, creo que en general
todas las crisis llevan al individualismo o
cuando ya es masivo y toca a todos, ahí
puede saltar la tensión. Los ricos también
salieron con la cacerola. Y demuestra cómo
la gente llega a denigrarse o contaminarse en
las situaciones de crisis. La bisagra es cuando
él decide llevarse la computadora.
–A pesar de la juventud de su
personaje, hay poco sitio para sueños
-quiere ser diseñador- o el sentimentalismo
-con su familia emigrada a España-.
–En ese momento otros chicos de su edad
buscaban el venirse para España, como
ventana a la felicidad. Para los que deciden
quedarse en el país la única manera
de poder vivir, de ser feliz, pasa por tener
trabajo y llegar a la casa, aunque solo duermas
cuatro horas para repetir lo mismo. Solo hay
lugar para lo justo, para nada más. Quizá
se pierden o se alteran un poco los valores
como la familia. Los chicos de esa edad que
tienen hijos tienen que dejar que se críen
con las abuelas porque ellos pasan el día
trabajando. En definitiva, sobrevivir, no vivir.
–¿Cómo llevó
los silencios?
–Soy un actor que me siento muy cómodo
con la palabra. Lo que más trabajé
con el personaje es expresar cómo pasa
por los distintos estados, sin que sean contados
ni dichos.
–¿Y usted, está
dispuesto a intentar sobrevivir con su trabajo
en su país?
–Soy muy romántico, utópico.
Con respecto a mi carrera y a mi vida. Justamente
con el hecho de venir al festival estaba el
chiste de no volver, hasta mi novia me lo decía.
Siempre digo que ojalá se me abran puertas,
me gustaría trabajar acá por el
prestigio que representa para un actor la experiencia.
Pero prefiero estar allá y hacer cosas
quizá de menor calibre –aunque
las cosas hechas con tanto esfuerzo representan
una satisfacción más grande a
veces–. Es como ser hincha de un equipo
de fútbol chico, cuando ese equipo sale
campeón, el dolor sufrido durante tanto
tiempo hace que sea más disfrutable.
Soy sufrido, un hincha de un equipo chico.
–¿Es su primer largometraje?
–Hice una muy pequeña película
hace seis años, que en este momento se
termina. Su objetivo será llegar a una
sala con dos o tres funciones. Como aprendizaje
esta es la primera.
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