Robert
Guédiguian es una figura ya habitual en
la Seminci, uno de esos directores por los que
la Semana tiene querencia. En su cuarta visita
al festival, el cineasta francés no concurre
con una película, sino que preside el Jurado
Internacional que otorgará los premios
de la 49ª edición.
-Asistir al festival como jurado y
no como participante es una gran diferencia,
supongo.
-Habitualmente me juzgan, y ahora soy yo quien
juzga, esto es como pasar de víctima
a verdugo (se ríe). No, no esa es una
comparación demasiado fuerte. Pero en
ambos casos es una gran responsabilidad.
-¿Es fácil pasar al otro
lado de la barrera, valorar a sus compañeros
de profesión?
-Es una responsabilidad que hay que asumir;
los cineastas debemos asumirla.
-Todo director tiene su propio concepto
del cine, uno lo puede concebir más como
entretenimiento y otro abogar por la denuncia
de la realidad. ¿Se puede, se debe dejar
eso a un lado cuando se trata de juzgar la obra
de los demás?
-Yo creo que sólo hay buen y mal cine.
El buen cine es inteligente y a la par nos conmueve,
busca el equilibrio entre el espectáculo
y la pedagogía. Una comedia puede ser
extremadamente inteligente, a la vez que divertida.
-Hablamos de que podría usted
entonces premiar una película que en
cierta forma no compartiese o no estuviera dispuesto
a firmar.
-Por supuesto, esto lo tengo muy claro. A mí
particularmente hay directores con los que no
comparto la visión del cine que ellos
tienen. Pero pese a ello opino que son grandes
cineastas, y podría premiar una buena
película aunque a mí no me gustase.
-¿Y comparte su visión
con sus compañeros de jurado?
-Sí, sí, hasta ahora estamos
muy de acuerdo. Y además me siento muy
honrado de compartir esta tarea con ellos, creo
que son grandes profesionales, muy preparados
para aportar su visión y su opinión.
-Entre los cuales hay una escritora,
productores, guionistas Sin embargo, con quien
muchas veces hay un cierto desacuerdo es con
el público. ¿A qué se debe
esa distancia, cuando el público es también
un elemento fundamental del cine?
-Creo que en el fondo hay tres tipos de visión
sobre una película. Una es la que tiene
la crítica, otra es la de los profesionales
y la tercera es la del público, que además
en este Festival tiene capacidad para premiar,
ya que existe un premio del público.
Y gracias a esto, una película puede
sobrevivir de tres formas, tiene tres oportunidades
para existir. Puede complacer al público,
a los profesionales o la crítica. Y cuántas
más posibilidades tenga una película
de salir adelante, mejor para todos.
-Y si complace a los tres, tanto mejor.
Aunque parece difícil
-Lo que es muy difícil saber hasta que
la película empieza a exhibirse es si
va a contar con el apoyo de los espectadores.
A mí me ocurrió personalmente
con 'Marius et Jeannette', que gustó
a mis compañeros de profesión,
fue alabada por la crítica y obtuvo el
favor del público. Y puedo adelantarle
que entre lo que llevo visto en Valladolid hay
una película que creo que tiene capacidad
para complacer a esos tres sectores.
-Hablando del sector profesional, ¿le
resulta a veces doloroso no poder premiar más
películas, no tener un palmarés
más amplio? En cierta forma, sabiendo
lo difícil que es hacer cine, tiene que
ser duro premiar a alguien y por fuerza dejar
a otros fuera del palmarés.
-A mí, como presidente del jurado, me
gsutaría e intentaría repartir
los premios lo más posible. Voy a intentar
que sea así: hay tres premios del jurado,
dos a los actores y otro a la fotografía,
así que podemos galardonar a seis películas.
Si por mí fuera, intentaría que
cada uno correspondiese a una distinta.Pero
en cualquier caso se debe considerar que todas
las películas que participan en un festival
como Seminci ya tienen un premio implícito.
Haber sido seleccionada para participar ya es
de por sí un mérito, un reconocimiento
a la obra bien hecha.
-Por lo que veo no es usted partidario
de los excesos de los Óscar, del estilo
de 'Titanic', 'Titanic', 'Titanic', y así
toda la noche.
-Los Óscar, como los Goya en España
o los César en Francia representan el
voto de la profesión, pero es algo totalmente
individual. Cada uno es su casa piensa sus votos
y los envía a la Academia, por lo que
pueden ocurrir esas coincidencias. No es como
en un jurado donde se habla y se discute todo.
-Le voy a confesar que a veces creo
que me gustaría escuchar esas conversaciones,
o al menos saber 'a posteriori' como fueron,
ir un poco más allá de ese párrafo
con el que los jurados justifican su decisión.
Creo que tiene que ser apasionante.
-Lo cierto es que son discusiones muy enriquecedoras,
con un alto nivel intelectual. Y sí,
probablemente sería fantástico
que pudiesen quedar registradas de alguna forma,
porque creo que sí tienen un interés.
De hecho, una vez hecho público el palmarés
no me importaría dar a conocer estas
deliberaciones con extensión.
-Una vez concluida su responsabilidad
como jurado, ¿cuándo volveremos
a verle en Seminci?
-Me gustaría volver, creo que pueda
hacerlo en 2006. Seminci es un festival con
el que mantengo una gran amistad y que me hizo
el honor de dedicarme una retrospectiva.
-Su regreso ¿será con
algo que tiene ya en proyecto?
-Sería con lo siguiente que haga. Actualmente
trabajo en 'Le proméneur du Champ de
Mars' -'El paseante del Campo de Marte'-, que
se estrenará en Francia el próximo
mes de febrero y trata sobre el último
mes de la vida del antiguo presidente François
Mitterrand.