Hija del actor vallisoletano Ricardo Canales y esposa del también actor Julio Peña, esconde tras sus hermosos ojos azules toda una vida llena de experiencias. La pasión por las mujeres de Juan Duarte cambió la vida a la actriz Susana Canales (Madrid, 1933). Huida a Argentina cuando era una niña, era totalmente feliz en su vida, con una incipiente carrera cinematográfica que continuó en España.
-¿Cómo fue su primer
contacto con Juan Ramón Duarte?
-Personalmente solo nos vimos una vez. La historia empieza teniendo yo 13 años, cuando ya trabajaba como actriz en Argentina. Llegaron al camerino del teatro donde actuaba unos regalos donde solamente había una tarjeta donde decía: «Su admirador». Mi familia y yo no sabíamos de qué iba, hasta que mi madre decidió que eso se había terminado. Se dirigió a la taquilla para advertirles de que no aceptaran más regalos para mí, a lo que le contestaron: «lo sentimos, señora, pero no podemos».
-Fue una respuesta sospechosa. ¿Qué
pensaron?
-Ese «no podemos» sonaba extraño. Nos preguntamos quién envía esos regalos que no se podían devolver. Ahí empieza una historia que a mí me ocultan en un principio, para no producirme ningún temor. Al final se descubre que esos regalos llegaban de parte del señor Juan Duarte, que era intocable.
-Volamos a su orígenes en España.
¿Cómo fue a parar a Argentina?
-Tengo mis raíces en Valladolid. Mi padre y toda su familia son de esta ciudad. Cuando estalló la Guerra Civil estábamos mi madre, mi hermano y yo veraneando en el Pinar de Antequera. Mi padre, el actor Ricardo Canales, estaba en Barcelona rodando unas películas. Al estar cada uno en un lugar, mi padre salió hacia América y nosotros salimos con nuestra madre por Hendaya, al ser ella francesa. Nos encontramos en Venezuela. Allí hicimos las clásicas giras que las compañías españolas realizaban en aquellos países durante la Guerra, hasta que recalamos en Argentina en 1940, a mis siete años.
-¿Tuvo la oportunidad de conocer
a Juan Duarte personalmente?
-Fui invitada a los quince años a un 'cocktail' de despedida de una importante actriz argentina que se iba a México. Me encontré entonces con ese hombre. Fue la primera y única vez que le veo. En aquel momento me confesó que él era el admirador que me enviaba regalos. Es entonces cuando a mi me entra miedo, situación que refleja una de las escenas de la película, porque podía pasar cualquier cosa, ya que Juan Duarte era todopoderoso.
-¿Cómo reaccionó
su familia?
-Mi padre decide que eso no podía continuar. Por circunstancias de trabajo me trae consigo en 1950, comenzando entonces una importante carrera cinematográfica para mí. Todo aquel problema se quedó en Argentina. Pero antes había cambiado mi vida. Yo quería volver, pero me enamoré del galán de una película, Julio Peña, y me casé. Eso fue lo que hizo que me quedara.
-¿Cómo encontró
España tras su paso por Argentina?
-Fue una gran impresión, un choque muy fuerte. No entendía nada. Yo venía de un país floreciente y se me vino todo encima. Pero la influencia de mis raíces y, sobre todo, haber encontrado un novio fue lo que lo arregló todo. Mi padre estaba todo el día hablando de Valladolid. No obstante, mi abuelo fue dueño del Teatro Calderón.
-¿Cuáles eran sus recuerdos
de Valladolid?
- El único que tengo de esos tres años es un tanque venir hacia mi madre y yo cuando me llevaba corriendo en sus brazos por el pinar.
-¿Qué sintió cuando
tuvo delante a Juan Duarte?
-Casi no le miré a la cara. Recuerdo que me presentaron a tres señores en aquel 'cocktail'. Al oir «Juan Duarte», pensé que no había oído bien y no quise ni mirar. En el encuentro que tuvimos estaba tan nerviosa y angustiada, debido a mi edad y a que yo sabía quién era él, que me asusté. No es que fuera desagradable, entiendo perfectamente que las mujeres se enamoraran de él. Tenía todo, era muy agradable y también educado.
-¿Qué habría ocurrido
si usted no hubiera sido tan joven?
-No lo sé, lo que significa que Juan Duarte no era rechazable. A lo mejor me hubiera enamorado. De todas formas, cuando yo me casé, el 8 de abril de 1953, el 'Abc' abrió al día siguiente con la noticia de la muerte Juan Duarte.