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PILAR BARDEM: PROTAGONISTA DE 'MARÍA QUERIDA', DE JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ

 

«DECÍAN QUE ESTABA POSEÍDA POR EL PERSONAJE»

ESTA MUJER ALTA Y ROMPEDORA, DE VOZ PROFUNDA Y MIRADA FRANCA SE HA METIDO EN LA PIEL DE MARÍA ZAMBRANO, LA PENSADORA MENUDA E IRREDUCTIBLE. PILAR BARDEM HA ENCOGIDO POR FUERA Y ENSANCHADO POR DENTRO INTERPRETANDO A UNA MUJER QUE, COMO ELLA, AMABA LA REPÚBLICA Y LOS GATOS

ANGÉLICA TANARRO MADRID

María Zambrano, durante sus últimos años en Madrid.
Confiesa que, cuando José Luis García Sánchez le propuso hacer de María Zambrano en su película, de la discípula de Ortega «sabía más bien poco, como el 99,9% de los españoles». Sin embargo, el papel le ha dejado alguna huella no solo física -«hicieron tan buen trabajo para dejarme el pelo blanco que ahora me gusta y lo llevo así»- que se traduce en un enamoramiento, no ya del personaje, «sino de la persona».

-¿Le extrañó que el director la eligiera para un papel en principio tan alejado de su físico y de su experiencia vital?
-Más que extrañarme, me ilusionó y me halagó, aunque cuando fui conociendo al personaje me preocupaba que las cosas tan profundas que tenían que salir de mi boca fueran convincentes. Me fui enamorando de lo que me contaban de ella y de lo que leí y el resultado me parece hermoso, por el guión, por los compañeros... y porque, si entre todos conseguimos que a partir de ahora se la conozca mejor, nos podemos dar por bien pagados.

-¿Le resultó difícil componer el personaje?
-La composición física la fui trabajando poco a poco, viendo cómo reducirme. Ella era menuda, poquita cosa, y yo soy de hueso grande y mucho más alta. García Sánchez me tranquilizó diciéndome que no quería que me pareciera a ella sino que la interpretara. Aun así, el intentar reducirme, aunque me costó alguna contractura, fue fácil porque yo me sentía pequeñita. Cuando tenía que decir algo de las cosas tan impresionantes que esta mujer decía intenté no ser una actriz recitando, sino amar y creer las palabras que decía que eran para ella tan importantes. Tanto es así que comentaban los del equipo que estaba poseída (risas). Cuando, por alguna razón, había que improvisar yo hablaba con palabras de ella. Pero es fácil enamorarse de una persona de la que reconoces lo que ha supuesto para la cultura. Desde esa admiración he intentado ser fiel y poner lo que pongo siempre en mi trabajo, respeto y amor.

-Ahora que la conoce, ¿qué es lo que más le impresiona de ella?
-Que todo el mundo me hablaba de una mujer muy cercana. Que rompía la barrera de la intelectualidad porque amaba la amistad y siempre estaba rodeada de amigos. Que era un ser entrañable. Que hizo un sacrificio cuando decide hacerse cargo de su hermana Araceli y renuncia a todo. Que cuando la Guerra Civil estaba ya perdida, ella decide regresar a España para luchar por la República, uniéndose así a tantas mujeres republicanas que fueron unas luchadoras.

-Quizá tengan varias cosas en común. Una de ellas su independencia.
-Ella siempre se proclamaba discípula de Ortega, pero su pensamiento se separa del racionalismo puro para hablar de la razón poética. Es curioso que esta mujer, que siempre estuvo rodeada de grandes intelectuales como Unamuno y Ortega, sabía defender su espacio. Yo no soy tan inteligente como ella, pero como ella amo la república y los gatos.

-También la coquetería.
-Bueno, yo no soy tan coqueta (risas) pero ella sí. Ella mantenía un juego pseudoerótico en lo que hablaba y no es de extrañar que tanta gente se enamorara de su voz. Enamoró a tanta gente con su forma de expresarse que algo tenía que tener.

-Y una experiencia de invisibilidad. Usted ha trabajado siempre muchísimo pero tuvo que llegar el papel de Díaz Yanes en 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto', para hacerse visible. A María Zambrano le pasó algo parecido debido al exilio.
-A ella le ocurrió lo que le pasa al 99% de las mujeres en una sociedad machista, que no repara en el trabajo de una mujer. Yo nunca me he sentido invisible, sino una trabajadora que luchaba por una serie de cosas, entre ellas por la libertad. A María Zambrano lo que le ocurrió es que mucha gente quiso apropiarse de su pensamiento. Pero ella no lo consintió, no perteneció a ningún grupo ni fue un icono de ninguna ideología y quizá pagó con el silencio.

-¿Ha sido este su papel más importante desde el de la película de Díaz Yanes?
-La doña Pilar de 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto' fue un regalo de Tano. Fue un personaje de ficción, aunque inspirado en la madre de él. En el caso de la Zambrano es un personaje real. Ambos me han servido para darme cuenta de que pensamientos que yo siempre he tenido siguen vigentes y, después de 'María querida', para ver con qué inteligencia se podían expresar esos pensamientos.

-¿Han visto la película los 'zambranólogos'?
-Sí y están encantados, lo que me ha dado muchos ánimos. Aunque al principio, cuando vinieron al rodaje estaba aterrorizada porque sé hasta qué punto la conocen y la defienden. Pero me dijeron que hasta miraba como ella, y eso no me gustaba porque no quería obsesionarme y pasarme el resto de la película mirándome al espejo para descubrir cómo miraba ella.

Pilar Bardem mira de frente, sonríe continuamente y parece relajada, a pesar de su agenda, tan estresante como la de un ministro. Transmite esa serenidad que adquieren, con suerte, quienes saben aprovechar sus experiencias.



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