Confiesa
que, cuando José Luis García Sánchez
le propuso hacer de María Zambrano en su
película, de la discípula de Ortega
«sabía más bien poco, como
el 99,9% de los españoles». Sin embargo,
el papel le ha dejado alguna huella no solo física
-«hicieron tan buen trabajo para dejarme
el pelo blanco que ahora me gusta y lo llevo así»-
que se traduce en un enamoramiento, no ya del
personaje, «sino de la persona».
-¿Le extrañó que
el director la eligiera para un papel en principio
tan alejado de su físico y de su experiencia
vital?
-Más que extrañarme,
me ilusionó y me halagó, aunque
cuando fui conociendo al personaje me preocupaba
que las cosas tan profundas que tenían
que salir de mi boca fueran convincentes. Me
fui enamorando de lo que me contaban de ella
y de lo que leí y el resultado me parece
hermoso, por el guión, por los compañeros...
y porque, si entre todos conseguimos que a partir
de ahora se la conozca mejor, nos podemos dar
por bien pagados.
-¿Le resultó difícil
componer el personaje?
-La composición física la fui
trabajando poco a poco, viendo cómo reducirme.
Ella era menuda, poquita cosa, y yo soy de hueso
grande y mucho más alta. García
Sánchez me tranquilizó diciéndome
que no quería que me pareciera a ella
sino que la interpretara. Aun así, el
intentar reducirme, aunque me costó alguna
contractura, fue fácil porque yo me sentía
pequeñita. Cuando tenía que decir
algo de las cosas tan impresionantes que esta
mujer decía intenté no ser una
actriz recitando, sino amar y creer las palabras
que decía que eran para ella tan importantes.
Tanto es así que comentaban los del equipo
que estaba poseída (risas). Cuando, por
alguna razón, había que improvisar
yo hablaba con palabras de ella. Pero es fácil
enamorarse de una persona de la que reconoces
lo que ha supuesto para la cultura. Desde esa
admiración he intentado ser fiel y poner
lo que pongo siempre en mi trabajo, respeto
y amor.
-Ahora que la conoce, ¿qué
es lo que más le impresiona de ella?
-Que todo el mundo me hablaba de una
mujer muy cercana. Que rompía la barrera
de la intelectualidad porque amaba la amistad
y siempre estaba rodeada de amigos. Que era
un ser entrañable. Que hizo un sacrificio
cuando decide hacerse cargo de su hermana Araceli
y renuncia a todo. Que cuando la Guerra Civil
estaba ya perdida, ella decide regresar a España
para luchar por la República, uniéndose
así a tantas mujeres republicanas que
fueron unas luchadoras.
-Quizá tengan varias cosas en
común. Una de ellas su independencia.
-Ella siempre se proclamaba discípula
de Ortega, pero su pensamiento se separa del
racionalismo puro para hablar de la razón
poética. Es curioso que esta mujer, que
siempre estuvo rodeada de grandes intelectuales
como Unamuno y Ortega, sabía defender
su espacio. Yo no soy tan inteligente como ella,
pero como ella amo la república y los
gatos.
-También la coquetería.
-Bueno, yo no soy tan coqueta (risas)
pero ella sí. Ella mantenía un
juego pseudoerótico en lo que hablaba
y no es de extrañar que tanta gente se
enamorara de su voz. Enamoró a tanta
gente con su forma de expresarse que algo tenía
que tener.
-Y una experiencia de invisibilidad.
Usted ha trabajado siempre muchísimo
pero tuvo que llegar el papel de Díaz
Yanes en 'Nadie hablará de nosotras cuando
hayamos muerto', para hacerse visible. A María
Zambrano le pasó algo parecido debido
al exilio.
-A ella le ocurrió lo que le
pasa al 99% de las mujeres en una sociedad machista,
que no repara en el trabajo de una mujer. Yo
nunca me he sentido invisible, sino una trabajadora
que luchaba por una serie de cosas, entre ellas
por la libertad. A María Zambrano lo
que le ocurrió es que mucha gente quiso
apropiarse de su pensamiento. Pero ella no lo
consintió, no perteneció a ningún
grupo ni fue un icono de ninguna ideología
y quizá pagó con el silencio.
-¿Ha sido este su papel más
importante desde el de la película de
Díaz Yanes?
-La doña Pilar de 'Nadie hablará
de nosotras cuando hayamos muerto' fue un regalo
de Tano. Fue un personaje de ficción,
aunque inspirado en la madre de él. En
el caso de la Zambrano es un personaje real.
Ambos me han servido para darme cuenta de que
pensamientos que yo siempre he tenido siguen
vigentes y, después de 'María
querida', para ver con qué inteligencia
se podían expresar esos pensamientos.
-¿Han visto la película
los 'zambranólogos'?
-Sí y están encantados, lo que
me ha dado muchos ánimos. Aunque al principio,
cuando vinieron al rodaje estaba aterrorizada
porque sé hasta qué punto la conocen
y la defienden. Pero me dijeron que hasta miraba
como ella, y eso no me gustaba porque no quería
obsesionarme y pasarme el resto de la película
mirándome al espejo para descubrir cómo
miraba ella.
Pilar Bardem mira de frente, sonríe
continuamente y parece relajada, a pesar de
su agenda, tan estresante como la de un ministro.
Transmite esa serenidad que adquieren, con suerte,
quienes saben aprovechar sus experiencias.