Los
ingenieros técnicos industriales de valladolid y el
espacio europeo de educación superior
La decana Mª del Carmen Encinar Núñez
mantiene hace años una constante dedicación
a éste asunto, que dice compartir con total intensidad
con la Junta de Gobierno de su Colegio. Opina de éste
panorama siempre referido al campo de las ingenierías.
La decana Mª del Carmen Encinar
Núñez
¿Los Colegios Profesionales están muy
atentos a los cambios que se avecinan en las titulaciones
universitarias. Esta preocupación tiene reflejo en
la sociedad española?
Sorprende la despreocupación del ciudadano en un proceso
en el que se está viendo involucrado el futuro de la
educación universitaria española para los próximos
lustros. Y digo que sorprende porque la orientación
y el buen hacer de los estudios universitarios de un país
suponen más que el hecho formativo en sí; supone
la formación de la base del capital humano de ese país
por varias generaciones, supone la buena o mala orientación
de los profesionales de esas generaciones, supone la base
de la humanística de ese país, supone el que
exista una sólida base para la investigación,
supone la formación en estrategias económicas,
empresariales, políticas, etc.. En resumen, la existencia
de una estructura universitaria sólida, con visión
de futuro y adaptada a los nuevos tiempos, supone la cimentación
sobre la que montar una sociedad en progreso creciente, segura
y con altas expectativas para la participación en el
concierto mundial.
¿Cuándo comienza Europa a plantarse
este problema seriamente?
Desde la reunión de los ministros de educación
de 29 países europeos en Bolonia en 1999, se puso en
cuestión el sistema educativo europeo. Ya en el año
2.000 éste Colegio se reunió en Sevilla con
nuestros compañeros de Barcelona, Sevilla y Madrid
para analizar la citada declaración de Bolonia donde
se preguntaban ¿Por qué los cerebros privilegiados
terminan trabajando en Estados Unidos o en Japón?,
¿Qué debemos hacer para que eso deje de ocurrir?,
¿Cómo el espacio universitario europeo puede
funcionar como uno sólo, y no por países?, ¿Como
conseguir el intercambio fácil y sin trabas, entre
estados, de los protagonistas del mundo universitario?¿Cómo
valorar el trabajo del alumno y el del profesor de una forma
independiente? Se formularon estas y otras preguntas. Y así
nació lo que se conoce como “la declaración
de Bolonia”. Otras reuniones posteriores y alguna anterior
ayudaron también en el asunto, pero no fueron relevantes.
En ese momento, algunos países tomaron el toro por
los cuernos y cambiaron rápidamente sus esquemas universitarios.
Unos porque tenían poco que cambiar, ya que lo que
se pretendía lo estaban llevando a cabo más
o menos, otros porque entendieron que era la forma de dar
el gran salto en la formación universitaria. Sin embargo
otros países se lo tomaron con más calma, bien
porque no disponían de medios, bien porque sus estructuras
universitarias tenían una mayor inercia o eran menos
dúctiles al cambio.
¿Cuál es la situación de España
ante estos retos?
En este último caso está España. En nuestro
país el proceso empezó tímidamente en
el año 2001, con programas de intercambio y estudios
sobre los créditos ECTS, que valoran las horas de dedicación
del alumno y no las horas de aula, pero no es hasta el año
2003 en que aparece un documento marco en el que se proponen
a la comunidad universitaria los alcances del cambio. Con
las ideas poco claras, este documento fue ampliamente debatido
llegando a una situación de bloqueo de negociación
que situó el proceso en punto muerto. El Gobierno pretendía
un cambio, planteado sin empuje, y la Universidad estimaba
que las cosas estaban bien como estaban. Las elecciones de
2004, con nuevo gobierno, determinaron un nuevo documento
que tímidamente esbozó planteamientos indeterminados,
dejando las concreciones para otro momento. Fruto de este
trabajo aparecieron los Decretos 55 y 56/2005 que no dejaban
a nadie totalmente satisfechos, tanto que fueron modificados
por otro RD 1509/2005, por la misma ministra de educación
María Jesús San Segundo, sin intención
de ponerlos en marcha a corto plazo.
Afortunadamente parece que, en este momento, el equipo que
está al timón del Ministerio de Educación,
a cuyo frente está la actual ministra Mercedes Cabrera,
sabe lo que quiere. Ha planteado propuestas claras y concretas.
Las ha planteado a todos los actores, tanto académicos
como profesionales, consultó con los espacios sociales
afectados y en función de los datos obtenidos ha tomado
sus decisiones que, el pasado 26 de Septiembre publicó
en lo que se denomina “Propuesta de la organización
de las enseñanzas universitarias en España”.
Este importante documento aporta lo que no aportó ninguno
de sus antecesores: Razones. Hace una propuesta concreta y,
a continuación señala cuales son las razones
que la justifican. Es un documento de trabajo muy elaborado.
Posteriormente se completaron estas razones con un segundo
documento “Aclaraciones sobre el documento del 26 de
Septiembre” como consecuencia de cuestiones planteadas
por la Comisión Mixta del Consejo de Coordinación
Universitaria, así como otros Grupos de trabajo. En
estas aclaraciones se aportan más avales para lo que
se propone y se indican, además, algunas pautas para
el funcionamiento del nuevo sistema. En este punto estamos.
¿En esta situación, qué cambios
se avecinan, entonces?
Primera premisa y me parece un concepto muy importante: Los
títulos que se avecinan de Grado y de Postgrado, son
nuevos. Por tanto no son asimilables exactamente a ninguna
titulación actual. Los actuales títulos que
tenemos los universitarios pasan a clasificarse como titulaciones
a extinguir. Eso no quiere decir que pierdan atribuciones
o méritos, ni tampoco que no se pueda acceder a las
nuevas titulaciones aportando como bagaje los títulos
extinguidos, pero si es importante saber que, para acceder
a los nuevos títulos habrá que hacer algo más,
aportar conocimientos, cursar algún elemento formativo,
o incluso aportar experiencia profesional acreditada, circunstancia
ésta última de un valor significativo a la vista
de la evolución de la cualificación profesional
en la UE. Pero, ojo, las nuevas titulaciones no son equivalentes.
La idea es: borrón y cuenta nueva.
Pero vamos a lo concreto, saliendo por encima de especulaciones
que sólo pretenden mantener las viejas estructuras,
el Ministerio de Educación defiende títulos
de grado de 240 créditos ECTS, y señala, por
qué, manteniendo los contenidos formativos académicos
“permitirán una mayor presencia de enseñanzas
prácticas, prácticas externas y movilidad”,
“para incidir en la aproximación de la duración
teórica de las enseñanzas con la duración
real media de los estudios”. Esto supone un título
único universitario de referencia que tendrá
una sólida implantación social en el mundo del
trabajo y con plenas atribuciones profesionales. La formación
de “Grado terminará con la elaboración
y defensa de un trabajo de Fin de Grado por parte del estudiante”.
¿En Europa los títulos de grado son
todos de 240 créditos ECTS?
En Europa algunos países tienen títulos de grado
de 180 créditos ECTS, sin embargo debemos resaltar
que, en esos países el bachillerato tiene una duración
de 60 créditos más, es decir, un año,
por lo que el alumno ya lleva conocimientos adquiridos en
mayor cantidad, y termina a la misma edad que el prototipo
que se pretende en los países con 240 créditos.
La edad es también un elemento de cierta importancia
ya que aporta madurez en el alumno.
Además dentro de las Universidades que realizan titulaciones
con 180 créditos, también existen centenares
de especialidades con el desarrollo de 240 créditos.
¿Cómo se propone mejorar el índice
de abandono universitario español, que según
las estadísticas es muy elevado?
Se propone también la formación en competencias
comunes, en los primeros cursos, lo que permitirá que
algunos alumnos, que ahora se ven abocados al abandono de
los estudios, puedan con este sistema “cambiar su opción
inicial de título en función de la vocación,
formación y experiencia adquirida”, sin una pérdida
apreciable de tiempo en la duración de los estudios.
¿Cómo se notarán estos cambios
en el campo laboral?
Para aquellas profesiones cuyo título lleva acompañado
la habilitación para ejercer determinadas atribuciones,
conocidas como profesiones reguladas, el gobierno garantizará
la homogeneidad en todo el territorio nacional estableciendo
directrices por la que habrá de regirse la obtención
de los títulos de Grado.
Se fijan niveles de internacionales de enseñanza de
referencia. Para el título de Grado nivel 5ª de
la clasificación CINE (Clasificación Internacional
Normalizada de la Educación de la UNESCO), ó
con el nivel 6 del EQF (European Qualifications Framework),
aprobado en Bergen en 2005. Para el título de Máster,
nivel 6 de la CINE, y con el nivel 7 de la EQF. El título
de Doctor, será el nivel 6 de la clasificación
CINE ó el 8 de la EQF.
Los títulos de Máster serán de especialización
sobre el Grado y su duración oscilará entre
60 y 120 créditos ECTS, dependiendo de la importancia
de la especialización, o de la adecuación de
la formación previa del alumno.
Los títulos de Doctor tendrán un período
de formación de 60 créditos ECTS, pero no se
fija la duración de la elaboración de la tesis
necesaria para su obtención.
¿Se apoyan mayoritariamente estos cambios por
todos los profesionales en España?
Estos cambios que el equipo del Ministerio de Educación
pretende, son acogidos por la mayor parte del mundo universitario
que se relaciona con otras instituciones foráneas y
asociaciones profesionales como necesarios y positivos, son
posiciones absolutamente conocidas, sin embargo, siempre quedan
determinados grupos, cuyas atribuciones no tienen equivalente
en ningún otro país, que luchan, desde puestos
de presión relevantes, en el mundo de la administración
pública y otros, para mantener un estatus excesivo
y anacrónico con los tiempos y el desarrollo de los
conocimientos y las técnicas actuales. El Ministerio
tendrá que convencer a esta parte de la sociedad, primero
porque la estrategia de ese Ministerio se ve claramente que
es convencer, y segundo porque este país no puede retrasar
por más tiempo su incorporación formativa universitaria
al espacio de educación superior europeo.
¿Vamos con retraso respecto a otros países?
Tal y como señalé antes, si bien estamos en
fecha, la mayor parte de los países van más
adelantados.
La fecha límite, impuesta para el desarrollo de la
Declaración de Bolonia y siguientes es el 2010, y el
calendario propuesto por el comentado documento de trabajo
de Septiembre, propone la oferta de la matriculación
de los nuevos títulos para el curso 2008/2009, apurando
las fechas al máximo, y me temo que en este momento
ya llevamos algún retraso respecto a las fechas propuestas
en el documento de trabajo actual, estando el único
punto de fricción para la puesta en marcha en los grados
y postgrados de ingeniería. Por nuestra parte, desde
nuestro Colegio de Valladolid y el Consejo General de Ingenieros
Técnicos Industriales, con casi 100.000 colegiados
detrás, manifestamos nuestro apoyo al diseño
propuesto por el Ministerio, pendientes de tratar temas como
la habilitación profesional que, fuera del ámbito
universitario, y ya en el mundo del trabajo dependerá
de acuerdos con los Ministerios que tutelen los distintos
ámbitos de influencia de las distintas profesiones
afectadas.