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El
Estatuto que culminó con el año
Las Cortes aprobaron en noviembre una reforma
estatutaria, tras casi año y medio de
negociación, que reclama la gestión del Duero
y que espera la aprobación del Congreso
S. E./ Valladolid
Populares y socialistas de Castilla y León culminaron
el 29 de noviembre pasado la tercera reforma del Estatuto
de Autonomía de Castilla y León. Una norma poco
conocida para la inmensa mayoría de los ciudadanos
de la región, pero sobre la que se sustenta la condición
de comunidad autónoma de Castilla y León y permite
al Gobierno regional ejercer competencias tan sensibles como
la asistencia sanitaria o la educación y reivindicar
otras.
Este será el caso de la gestión del río
Duero, a la que aspira la Junta «sin perjuicio de la
planificación hidrológica de competencia del
Estado», una vez que el texto consensuado por PP y PSOE
en Castilla y León supere el último filtro,
el del Congreso de los Diputados, previsiblemente en la segunda
mitad del año entrante. La reclamación no es
nueva. En la anterior reforma fue echada para atrás
en Madrid.
La tutela de las aguas del Duero, cuya cuenca se superpone
como una mancha por prácticamente la totalidad del
mapa de Castilla y León, es la reivindicación
señera de una reforma que incluye una amplia carta
de derechos y deberes de los castellanos y leoneses. Unos
derechos y deberes a los que se incorporan los inmigrantes
que residen legalmente en la comunidad en plano igualdad con
los autóctonos.
La reforma que acaba de salir de horno en Castilla y León
es fruto casi año y medio de trabajo, con sonados desencuentros,
como el ocurrido a primeros de año cuando el PP decidió
recortar la financiación de los grupos parlamentarios,
poniendo en jaque varias nóminas de parlamentarios
socialistas. Finalmente la aguas volvieron a su cauce, la
situación económica se recondujo, y PSOE y PP
culminaron la empresa mano a mano, como no podría ser
de otra manera, puesto que la mayoría necesaria para
sacar adelante un Estatuto hace imprescindible el concurso
de las dos fuerzas mayoritarias.
El nuevo Estatuto es un proyecto para el que se ha escuchado
a la sociedad. Por el despacho del presidente de la Junta
primero, y por las Cortes después, han pasado responsables
de instituciones, sindicatos, empresarios, asociaciones agrarias
y de desarrollo rural, entre otras.
La definición más escuchada por boca del presidente
de la Junta, Juan Vicente Herrera, sobre el texto de Castilla
y León es que es «rabiosamente constitucional».
Una apreciación que determina una característica
propia del Estatuto castellano y leonés, pero que también
establece una comparación con las reivindicaciones,
sobre todo económicas, que se han incluido en otros
textos, caso del catalán.
Entre las novedades que presenta esta tercera reforma, además
del Duero y los derechos y deberes de los castellanos y leoneses,
destaca la posibilidad que tendrá la comunidad de contar
con un organismo que haga las veces de Agencia Tributaria
autonómica.
Cuestión leonesa
El texto que espera turno en el Congreso de los Diputados
aborda la cuestión leonesa, reconociendo la importancia
histórica de Reino de León y también
del ‘lleunés’ como lengua. Unas aportaciones
que no han servido para neutralizar las reivindicaciones leonesas,
hasta el punto de que los líderes regionales del PP
y el PSOE han visto con disgusto cómo su concejales
y diputados en el Ayuntamiento y la Diputación de León
se abstenían para que saliera adelante una moción
que reclamaba que el Estatuto contemplara la posibilidad de
segregación.
En terreno de los símbolos de identidad regional, el
texto hace mención a la fiesta del 23 de abril, que
conmemora la revuelta comunera, pero los redactores han eludido
reflejar en el Estatuto la capitalidad de Valladolid.
Ahora el Estatuto está pendiente de lo que digan en
Madrid. Herrera aprovechó la visita de José
Luis Rodríguez Zapatero a la sede de la Junta, en septiembre,
para pedirle que fuera su «principal valedor»
en la capital de España. El leonés alabó
el trabajo hecho en Castilla y León, pero se echó
en falta un sí más rotundo, como el dado en
su día, por ejemplo, al catalán.
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