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El
proyecto llega a Madrid tras Valencia, Cataluña, Andalucía,
Baleares, Aragón y Canarias
S. E./ Valladolid
El Congreso de los Diputados comienza a sentir los efectos
de la fiebre de reformas estatutarias que aqueja al territorio
nacional. El último en llegar a la Carrera de San Jerónimo
fue el 5 de diciembre el de Castilla y León. A esas
alturas ya se había aprobado el nuevo Estatuto de Valencia
y también el de Cataluña y el andaluz estaba
en el Senado tras el visto bueno de los diputados. Antes de
que la Comisión Constitucional del Congreso aborde
el castellano y leonés, sus señorías
deberán haber dado trámite a los de Baleares,
Aragón y Canarias.
Salvo en el caso catalán, con los recursos ante el
Tribunal Constitucional por parte del PP, en el resto de los
Estatuto se ha forjado finalmente el consenso entre populares
y socialistas.
Dos tendencias marcan las reformas estatutarias: la de reservarse
una parte de la inversión estatal, como han hecho Cataluña
y Andalucía ante el disgusto de comunidades como Castilla
y León, y las reivindicaciones hidrológicas
de distinto calado sobre el Guadalquivir, el Tajo el Ebro
o el Duero.
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